En la previa de su regreso a Córdoba este viernes 23 de octubre en la Plaza de la Música para presentar Cuerpos Vol. 1, resulta inevitable mirar hacia atrás para entender cómo el grupo liderado por Adrián Dárgelos construyó su vigencia. Aunque hoy llena estadios y renueva su lenguaje en cortes como "Miau", hubo una bisagra exacta entre fines de los años noventa y el estallido de 2001 en la que la banda estuvo al borde del abismo operativo y decidió dar un golpe de timón musical: pasar de la psicodelia experimental de Miami (1999) a la infiltración en el ojo publico de la mano de Jessico (2001).

El muro de Miami, el mito de "El Ringo" y el triple quiebre
Hacia 1999, agotados de la densidad pesada de Babasónica (1997), los músicos grabaron Miami entre su búnker de ocho canales en la calle Deán Funes y los estudios Circo Beat, con mezcla del estadounidense Andrew Weiss y masterización de Howie Weinberg en Nueva York. Inspirado en bandas sonoras de spaghetti westerns y discos de exotica de los setenta como The Primeval Rhythm of Life (1973) del proyecto británico Mandingo —cuya pieza "Moon Goddess" fue reinterpretada en "Colgado"—, el álbum articuló una radiografía ácida del final del menemismo.
Alrededor de aquel disco crecieron mitos que los archivos documentales desmienten. Uno de los más extendidos atribuye a Alejandro Terán los arreglos de cuerdas del álbum, cuando en los créditos oficiales de Miami las texturas orquestales fueron generadas por la propia banda mediante samplers, mellotrones y teclados de Diego "Uma-T" Tuñón junto a DJ Peggyn. Otro mito histórico rodea a "El Ringo": en el cual vinculan a la letra de la canción con la jerarquía de demonios galácticos hindúes donde los Ringos están por encima de los genios o jinns. Y estos poseen a personas y les generan malestares como fiebres convulsiones y demencia. Cuando esto pasa las personas pasan a oír voces que le incitan incluso al suicidio.
Pese a su riqueza artística, los casi 60 minutos de Miami desconcertaron a los ejecutivos de Sony Music Argentina, que consideraron el material invendible y trataron al grupo como una "ficha negra". En pocos meses, Babasónicos sufrió una triple pérdida estructural: la multinacional les devolvió el contrato que los unía desde Pasto (1992), su mánager histórico Cosme Palumbo dio un paso al costado y DJ Peggyn abandonó definitivamente la formación en el barrio de La Boca.

La trinchera de resistencia en el tanque de agua y la decisión de asaltar las radios
Sin sello ni mánager en plena recesión económica, la banda fundó su estructura independiente Bultaco Discos y editó entre 1999 y 2000 tres álbumes autogestionados de lados B y rarezas: Vórtice Marxista, Vedette y Groncho . Con ese rejunte de dinero decidieron hacer su propio estudio en Tortuguitas, al norte de Buenos Aires.

Lejos de cualquier fantasía de mansión de estrellas de rock, el reducto se levantó en la torre de un tanque de agua dentro de un barrio de casas normales, con una sala de ensayo de apenas cinco por cinco metros y un cuarto de control de tres por cinco, sin ventilación ni aire acondicionado. El propio bajista Gabriel "Gabo" Mannelli —por haber cursado en un colegio industrial— coordinó el tendido eléctrico, aunque solía llegar tarde a las jornadas porque le habían robado su auto en Temperley y ningún integrante tenía teléfono celular. Esa broma interna sobre las demoras eléctricas de Mannelli bautizaría una de las canciones emblema del período: "Deléctrico", nacida de una zapada de quince minutos.
En ese encierro asfixiante, el grupo tomó una decisión estratégica: abandonar el nicho de culto y componer canciones directas, bailables y radiales para infiltrarse en el mainstream sin perder su ironía ni su veneno lírico. Como resumió el baterista Diego "Panza" Castellano, lograron "más esencia que artilugio", mientras Dárgelos declaraba sin rodeos que no querían ser independientes, sino sonar en todas las radios al mismo tiempo.
El 2001
Las sesiones en Tortuguitas arrojaron 23 canciones: 12 integraron Jessico (2001) y las 11 restantes se publicaron recién en Carolo (2012). La elección del repertorio final se definió por votación interna en un proceso que los propios músicos recordaron con humor como "corrupción electoral", donde se tejieron alianzas y se canjearon votos por alfajores. Aun así, el productor Andrew Weiss resultó decisivo para rescatar "Fizz", un descarte que ningún integrante quería incluir en la placa.

Tras ser rechazados por las multinacionales, el 17 de enero de 2001 tocaron temprano por la tarde en el Buenos Aires Hot Festival, donde Roberto Costa y Alberto Moles decidieron ficharlos de inmediato para PopArt Discos. Como cortes densos como "Los Calientes" demoraban días en mezclarse —al punto que Dárgelos definió a Jessico como su "último disco barroco" porque ese tema acumuló 48 canales de mezcla en Pro Tools con una guitarra acústica oculta rasgueando por debajo de los sintetizadores—, la banda entregó primero "El Loco" y "Fizz", los dos temas más rápidos de terminar.
Con el sitar de "El Loco", la censura televisiva del videoclip de "Rubí" y la sátira al periodismo musical en "Camarín" ("Tan freak y tan popular", inspirada en un sueño de la entonces esposa de Dárgelos), el disco inauguró una galería de personajes marginales y nocturnos que cuatro años más tarde continuaría en cortes como "Yegua", perteneciente a Anoche (2005).
Cuando estalló diciembre de 2001 y las cadenas de disquerías quedaron paralizadas por el "corralito", Jessico llegó a venderse en TIENDAS DE ROPA. El viernes 21 de diciembre de 2001, el mismo día de la renuncia de Fernando de la Rúa, el grupo realizó la entrevista y foto de tapa que consagró al álbum como Disco del Año.

A veinticinco años de aquella metamorfosis que los llevó de los sótanos a la mirada del ojo publico, Babasónicos vuelve a pisar suelo cordobés con Cuerpos Vol. 1, confirmando que su fórmula de riesgo estético y seducción sigue intacta.

Babasónicos en Córdoba:
- Día: viernes 23 de octubre de 2026.
- Horario: 20.00 hs.
- Lugar: Plaza de la Música, Córdoba.
- Entradas: En Eden Entradas.